Dojo Kannagara No Michi

Bienvenidos al sitio oficial del Dojo Kannagara No Michi perteneciente a la Asociación Nacional de Aikido Aiki-Zen. En este sitio encontrarás información acerca de nuestro Dojo y su Dojo Central, como también, algunas actividades y artículos que sean del interés de practicantes de artes marciales de todos los estilos.
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jueves, 21 de mayo de 2009

El camino del tiro con arco


La importancia de repetir lo mismo
Una acción es un pensamiento que se manifiesta.
Un pequeño gesto nos denuncia, de modo que tenemos que perfeccionar todo, pensar en los detalles, aprender la técnica de tal manera que se vuelva intuitiva. La intuición no tiene nada que ver con la rutina, sino con un estado espiritual que está más allá de la técnica.
Así, tras mucho practicar, ya no tenemos que pensar en todos los movimientos necesarios, pues éstos pasan a formar parte de nuestra propia existencia. Pero para eso, hay que entrenar, repetir.
Y por si no fuera suficiente, hay que repetir y entrenar.
Observa a un buen herrero trabajando el acero. Para un observador profano en la materia, está repitiendo los mismos martillazos. Pero quien conoce la importancia de la práctica, sabe que cada vez que levanta el martillo y lo hace descender, la intensidad del golpe es diferente. La mano repite el mismo gesto, pero a medida que se acerca al hierro, sabe si debe golpearlo con más dureza o más suavidad.
Observa el molino. Para quien ve sus aspas por primera vez, parecen girar con la misma velocidad, repitiendo siempre el mismo movimiento. Pero quien conoce los molinos sabe que están condicionados por el viento, y cambian de dirección siempre que es necesario.
La mano del herrero fue educada tras haber repetido millares de veces el gesto de martillear. Las aspas del molino son capaces de moverse con velocidad después de que el viento haya soplado mucho, y haya hecho así que se pulan sus engranajes.
El arquero permite que muchas flechas pasen lejos de su objetivo, porque sabe que sólo aprenderá la importancia del arco, de la postura, de la cuerda y del blanco tras haber repetido sus gestos miles de veces, sin miedo a errar.
Hasta que por fin llega el momento en que ya no hace falta pensar en lo que se está haciendo. A partir de ese momento, el arquero se convierte en su arco, su flecha y su blanco.

Cómo observar el vuelo de la flecha
La flecha es la intención que se proyecta en el espacio.
Una vez que ha sido disparada, ya no hay nada que el arquero pueda hacer, aparte de acompañar su recorrido en dirección al blanco. A partir de ese momento, la tensión necesaria para el tiro ya no tiene razón de ser.
Por lo tanto, el arquero mantiene los ojos fijos en el vuelo de la flecha, pero su corazón reposa, y él sonríe.
En este momento, si ha entrenado lo suficiente, si ha conseguido desarrollar su instinto, si ha mantenido la elegancia y la concentración durante todo el proceso del disparo, sentirá la presencia del universo y verá que su acción fue justa y merecida.
La técnica hace que las dos manos estén dispuestas, que la respiración sea precisa, que los ojos puedan estar fijos en el blanco. El instinto hace que el momento del disparo sea perfecto.
Quien pase cerca y vea al arquero de brazos abiertos, acompañando la flecha con la mirada, verá que está quieto. Pero los aliados saben que la mente de quien ha hecho el disparo ha cambiado de dimensión, está ahora en contacto con todo el universo: continúa trabajando, aprendiendo todo lo que aquel disparo trajo de positivo, corrigiendo los posibles errores, aceptando sus cualidades, esperando para ver cómo el blanco reacciona al ser alcanzado.
Cuando el arquero estira la cuerda, puede ver el mundo entero dentro de su arco. Cuando acompaña el vuelo de la flecha, este mundo se le acerca, lo acaricia, y hace que tenga la sensación perfecta del deber cumplido.
Un guerrero de la luz, después de cumplir con su deber y transformar su intención en gesto, no tiene nada que temer: ha hecho lo que debía. No se ha dejado paralizar por el miedo, y aunque la flecha no haya alcanzado el blanco, tendrá otra oportunidad, pues no ha sido cobarde.
Fuente: Página de Paulo Coelho

viernes, 6 de marzo de 2009

Tu vida es una obra de arte


Al terminar un retiro en el sur de California, un artista me preguntó;¿ Cómo he de mirar la flor para sacar lo mejor de ella para mi arte?” Le respondí:”Si la miras de ese modo jamás estarás en contacto con la flor. Deja a un lado tus proyectos y no intentes explotarla ni sacar nada de ella, así podrás estar con la flor”. El artista me contestó: “Sin embargo cuando estoy con un amigo intento sacar provecho de él o de ella”. Evidentemente podemos sacar provecho de nuestros amigos, pero un amigo es mucho más que una fuente de recursos. Estar con un amigo sin perseguir su ayuda, su consuelo o sus consejos es todo un arte. Contemplar las cosas para sacar algo de ellas se ha convertido en una costumbre. Lo llamamos “pragmatismo” y consideramos que la verdad se paga. Parece que si meditamos a fin de obtener la verdad podemos extraer conclusiones válidas. Estando en meditación nos detenemos y contemplamos las cosas profundamente. Abandonamos toda actividad para estar ahí, simplemente, con nosotros mismos y con el mundo. Al detenernos empezamos a ver y, si podemos ver, comprendemos. Los frutos de este proceso son la paz y la felicidad. Deberíamos convertirnos en maestros del arte de detenernos para poder estar realmente en compañia de nuestros amigos y de las flores.¿ Cómo aportar elementos de paz a una sociedad tan acostumbrada a sacarle provecho a todo? ¿Cómo hacer que nuestra sonrisa sea una expresión de alegría y no una mera maniobra diplomática? Cuando nos sonreímos a nosotros mismos no estamos sonriendo diplomáticamente; es la prueba de nuestra autenticidad, de nuestra soberanía sobre nosotros mismos.¿ Puedo escribir un poema sobre detenerse, estar despojado de propósitos o simplemente estar ahí? Podemos pintar todas esas cosas? Si las ejecutamos conscientemente, todas nuestras acciones son poesías o cuadros. Cultivar lechugas es hacer poesía. Caminar por un supermercado puede ser como pintar un cuadro. Cuando actuamos con compostura y conciencia, cuando no nos acongojamos pensando si algo es o no una obra de arte, cada minuto de nuestra vida lo es. Da igual que no estemos pintando o escribiendo, de todos modos estamos creando. Nos sentimos henchidos de belleza, de alegría y de paz y hacemos que la vida sea más bella para el resto de la gente. Algunas veces incluso es mejor no utilizar la palabra “arte” cuando hablamos de él. Nuestro arte aflora espontáneamente cuando actuamos con sabiduría e integridad y entonces es innecesario referirse a él. Sabiendo cómo ser paz comprendemos que el arte es una maravillosa manera de cuidar de nuestra paz de espíritu. Lo esencial es ser, la expresión artística ya tomará forma de un modo u otro. Así que debemos regresar a nosotros y cuando obtengamos paz y alegría, nuestras creaciones artísticas brotarán espontáneamente y serán un bien común.

Fragmento de ”Hacia la paz interior” de Thich Nhat Hanh, un libro que merece la pena leer.

domingo, 14 de diciembre de 2008

El arco, la flecha y el blanco


Todos somos arqueros de la voluntad Divina. Por lo tanto, es indispensable conocer los instrumentos que tenemos a nuestra disposición.
El arco
El arco es la vida: de él viene toda la energía.
La flecha un día partirá. El blanco está lejos.
Pero tu vida siempre permanecerá junto a ti, y hay que saber cuidarla.
Necesitas periodos de inacción; un arco que está siempre armado, en estado de tensión, pierde su potencia. Por lo tanto, acepta el reposo para recuperar tu firmeza. Así, cuando estires la cuerda, tu fuerza estará intacta.
El arco no tiene conciencia: es una prolongación de la mano y el deseo del arquero. Sirve para matar o para meditar. Por ello, debes ser siempre claro en tus intenciones.
Un arco tiene flexibilidad, pero también tiene un límite. Un esfuerzo más allá de su capacidad lo romperá, o dejará exhausta la mano que lo sostiene. Del mismo modo, no exijas de tu cuerpo más de lo que te pueda dar. Y recuerda que un día llegará la vejez, y eso es una bendición, no una maldición.
Para mantener el arco abierto con elegancia, haz que cada parte dé de sí sólo lo necesario, y no disperses tus energías. Así podrás disparar muchas flechas sin cansarte.
La flecha
La flecha es tu intención. Es lo que une la fuerza del arco con el centro del blanco.
La intención del ser humano tiene que ser cristalina, recta, bien equilibrada.
Una vez que la flecha parta, no volverá. Por lo que, si los movimientos que te han llevado a través del proceso no han sido precisos y correctos, es mejor interrumpirlo y no actuar precipitadamente sólo porque el arco ya está tenso y el blanco espera.
Pero nunca dejes de manifestar tu intención si lo único que te detiene es el miedo a errar. Si hiciste los movimientos correctos, da los pasos necesarios y acepta el reto, abre la mano y suelta la cuerda,. Aunque no des en el blanco, sabrás afinar la puntería la próxima vez.
Si no te arriesgas, nunca sabrás qué cambios eran necesarios.
El blanco
El blanco es el objetivo que hay que alcanzar.
Lo escogiste tú. En eso reside la belleza del camino: no puedes nunca disculparte diciendo que el adversario era más fuerte, pues fuiste tú quien escogió el blanco, y tuya es la responsabilidad.
Si ves en el blanco a un enemigo, puede que aciertes el tiro, pero no te mejorarás en nada a ti mismo. Te pasarás la vida simplemente intentando colocar una flecha en el centro de una cosa de papel o madera, algo completamente inútil. Y cuando estés con otras personas, te quejarás de que nunca hiciste nada interesante.
Por eso, tienes que escoger tu objetivo, dar lo mejor de ti para alcanzarlo, tratándolo con respeto y dignidad: tienes que saber qué significa y cuánto esfuerzo, entrenamiento e intuición te ha exigido.
Al mirar al blanco, no te concentres en él; mira todo lo que sucede a tu alrededor, porque la flecha, al ser disparada, se encontrará con factores con los que no has contado, como el viento, el peso, la distancia.
El objetivo sólo existe en la medida en que un hombre es capaz de soñar con alcanzarlo. Lo que justifica su existencia es el deseo, sin el cual sería una cosa muerta, un sueño distante, una fantasía.
Así, del mismo modo que la intención busca su objetivo, el objetivo también busca la intención del hombre, pues es él quien da sentido a su existencia: ya no es sólo una idea, sino el centro del mundo de un arquero.
Fuente: La página de Paulo Coelho

miércoles, 15 de octubre de 2008

Nuestra mente

Nuestra mente tiene la tendencia a fijarse y no fluir. Arrastramos durante días, semanas y hasta años situaciones, emociones y pensamientos negativos. Los practicantes orientales nos aconsejan que debemos ser como un espejo que no retiene la imagen, que debemos fluir sin apegarnos a situaciones, emociones o pensamientos dañinos igual que una pelota de ping pong en un arroyuelo de montaña que sigue la corriente o una nube llevada por el viento.
A la mente le gusta el placer y nunca esta satisfecha con nada; siempre quiere más. Por eso en Oriente se aconseja dominar los sentidos e ir más allá de la mente a nuestro verdadero ser. Allí la mente conseguirá el mayor placer que jamás puede tener - la paz, y la felicidad que de ella brota y así quedará "enganchada" a un placer único y benévolo.
Una mente adiestrada es la mejor arma que tenemos para encontrar la salud, la paz, la felicidad y el bienestar.
Un tema recurrente en el arte oriental y que proviene de sus escrituras es el del monje que observa la luna llena frente a un lago... Cuando el lago está tranquilo puede observar el perfecto reflejo en las aguas, sin embargo si una pequeña piedra cae en el lago, la imagen se distorsiona y si existe un vendaval, no se puede distinguir nada. El lago representa la mente y la luna llena Nuestra Esencia. Cuando el lago de nuestra mente está tranquilo podemos tomar conciencia de nuestra verdadera esencia, pero si estamos alterados o agitados, la vorágine de pensamientos y emociones nos impiden percibir lo que realmente somos.
La concentración nos permite liberarnos de nuestras propias ataduras, ir más allá de la mente, de sus deseos y apegos, rescatarnos de nosotros mismos y hacernos libres, auténticamente libres para que actuemos según nuestros mejores criterio y llegar a establecer una relación directa con nuestro propio y profundo ser en armonía con todo lo que existe.